“Entendimos cómo teníamos que dejar de vivir para que los demás pudieran simplemente vivir”

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Entrevistamos a Esperanza Zamora Rodríguez, técnica de Educación para el Desarrollo(EpD) durante los años 2001-2005.

¿Cuáles eran los principales retos de la organización en materia de Voluntariado?

Veníamos de un voluntariado vinculado únicamente a las experiencias de voluntariado internacional, que después intentaban transmitir los aprendizajes de su experiencia en las casas de donde procedía cada uno.

En esos años iniciamos una nueva forma de ver y de hacer Educación para el Desarrollo (EpD), de la mano del compañero Javi Pérez, más apegada al trabajo directo con la gente en las casas salesianas, con una metodología activa y participativa, que a la elaboración de proyectos y de materiales didácticos. Se trataba de iniciar procesos de concienciación para contribuir a la erradicación de las causas que perpetúan la pobreza y que descansan en nuestros valores y hábitos de vida. Necesitábamos por lo tanto personas voluntarias que respondieran a este compromiso e implicación, que en numerosas ocasiones suponía viajar por Andalucía y Extremadura un par de días a la semana. Y lo más importante, que mientras proponían estos procesos educativos se cuestionaran en su interno estos mismos valores y hábitos de vida.

¿Qué avances más significativos recuerdas?  ¿qué aportaba en aquel momento Solidaridad Don Bosco en nuestro ambiente, en nuestra sociedad? ¿qué logros se consiguieron?

Con este espíritu y con esta implicación logramos:

Trabajar con casi todas las casas salesianas, con alumnado de secundaria, con los claustros de profes, con las juntas directivas de las AMPAS, incluso con algunos centros de cooperadores salesianos. Iniciamos las primeras experiencias de Grupos de Jóvenes Solidarios, siguiendo la estela del de Cádiz, que ya funcionaba, y elaborábamos material para sus sesiones formativas. Todo ello acompañados/as del grupo de voluntarios/as.

Conseguimos comprometernos también hacia fuera. Éramos miembros activos del grupo de educación para el desarrollo de la CAONGD, participamos como grupo de voluntarios/as y como organización en diferentes actividades del Foro Social Mundial en Sevilla, con la Plataforma del Voluntariado, en la Feria de Asociaciones Solidarias del Ayuntamiento de Sevilla… Y a todos aquellos lugares en donde nos llamaban para contar nuestra experiencia.

Durante todo este proceso teníamos muchos momentos de formación propia como grupo: al inicio de cada campaña, el básico II de la Escuela de Tiempo Libre especialidad Educación para el Desarrollo, en nuestras reuniones mensuales… También acudíamos juntos a charlas y jornadas de otras organizaciones o instituciones que sabíamos nos serviría en nuestra tarea.

El grupo de voluntarios/as de ese momento construía, junto con nosotros/as, de forma colectiva, los talleres y las sesiones formativas que hacíamos en cualquier parte. Planificábamos conjuntamente la convivencia de iniciación de nuevos/as voluntarios/as, a la que llegamos a llevar 25 personas. Se convirtieron en referente para otra gente que se incorporaba a la ONGD como voluntarios/as, generamos una experiencia de participación total en todas las escalas del área de educación para el desarrollo y de horizontalidad en las relaciones, el trabajo y la toma de decisiones.

Y sobre todo fue una época de crecimiento personal, de clarificación del proyecto de vida de muchos de nosotros/as, que entendimos cómo teníamos que dejar de vivir para que los demás pudieran simplemente vivir, y la ONGD era nuestra plataforma para luchar por la transformación social, global, aunque fuera desde nuestro proyecto. Ese grupo de voluntariado alcanzó unos niveles de empoderamiento y de militancia, al mismo tiempo que de coherencia vital, que hoy en día nutren las áreas de educación de numerosos colectivos, o son grandes maestros/as de la solidaridad.

¿Por qué era y es importante apostar por el voluntariado?

Procedo del oratorio salesiano, en donde a nadie llamábamos voluntarios/as, sino animadores/as. Siempre me ha chirriado ese nombre, y después de un poquito de tiempo usándolo me decanté por llamarlo militancia. Tiene más que ver con la apropiación de la causa como propia y por lo tanto con una implicación vital, que no puntual. El voluntariado concebido como militancia es un proceso de participación profunda, en el que de forma organizada, en colectivo, te comprometes con ese otro mundo que, al mismo tiempo intentamos ir construyendo en nuestras organizaciones. Así sí que creo que debe apostarse por el voluntariado, como motor de cambio.

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