“Contribuimos al cambio con una apuesta decidida por la capacitación laboral y la inserción abriendo brecha en el rígido sistema educativo marroquí”

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Entrevistamos a José Miguel Núñez Moreno, vicepresidente de Solidaridad Don Bosco en los años 2000-2006 y presidente en los años 2006-2008.

¿Cuáles eran los principales retos de Solidaridad Don Bosco en esos años?

Fueron años muy creativos y de fuerte impacto. Los desafíos venían marcados por el momento que vivía la organización y por las urgencias que experimentábamos en el ámbito de la cooperación, la educación al desarrollo y el voluntariado. Teníamos como prioridad dotar a la organización de una estructura sólida y solvente, viable económicamente y con vocación de crecimiento. Creo que se pusieron buenas bases para lo que vino después.

¿Dónde se pusieron las fuerzas, qué se priorizó en ese momento?

La fuerzas estaban puestas en la gestión y solvencia de la organización y en consolidar la apuesta por la cooperación internacional, la educación para el desarrollo, el voluntariado y la comunicación. Impulsamos el sistema de gestión de calidad, ampliamos nuestro radio de acción en la cooperación internacional firmando acuerdos plurianuales e países de acción prioritaria y multiplicamos nuestra oferta en el ámbito de la educación para el desarrollo. Creo que se logró una organización flexible, seria y solvente.

¿Qué llevo a Solidaridad Don Bosco trabajar en Marruecos? ¿Por qué era necesario e importante estar allí?

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que fue uno de los proyectos más ambiciosos, creativos y fascinantes que hemos desarrollado en estos años. El planteamiento fue el de trabajar en origen el drama de la inmigración ilegal apostando por la educación y la capacitación laboral en un ambiente como el de Marruecos donde era necesario cambiar modos de hacer y de pensar. Trabajamos con la población joven más vulnerable, formamos a los formadores y contribuimos al cambio con una apuesta decidida por la capacitación laboral y la inserción abriendo brecha en el rígido sistema educativo marroquí desde la pedagogía preventiva. Fue una apuesta audaz. Fueron doce años muy creativos y de un gran esfuerzo que marcaron decididamente a la organización y las contrapartes con las que trabajamos tanto en Tánger como en Nador.

¿Qué aportaba en aquel momento Solidaridad Don Bosco en nuestro ambiente, en nuestra sociedad?

 En el ámbito salesiano supuso un antes y un después en la concienciación, la educación para el desarrollo y la cooperación. En aquellos años lideramos también la coordinadora andaluza de ONGD;  pienso que se prestó un buen servicio en el diálogo con la administración pública y se visibilizó en la sociedad andaluza la presencia solidaria de una organización salesiana y con gran futuro.

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