“Sabíamos que la educación era la verdadera herramienta del cambio en nuestra sociedad”

Entrevistamos a Mari Carmen Benítez Pavón, técnica de Educación para el Desarrollo(EpD) durante los años 2009-2014.

¿Cuáles eran los principales retos de la organización en materia de Educación para el Desarrollo? ¿Qué avances más significativos recuerdas?

Cuando yo llegué a Solidaridad Don Bosco acababa de comenzar una etapa muy bonita en materia de EpD. Se habían comenzado a desarrollar temas de gran interés educativo y los materiales eran llamativos, interesantes y adaptados fundamentalmente a Secundaria. En los proyectos se incluían actividades novedosas como los Cuentacuentos que tuvieron gran éxito en todos los centros educativos. Todavía recuerdo lo gratificante que fue para mi comenzar a trabajar en algo que sabías que tendría sus frutos (aunque a medio-largo plazo, como todo lo que tiene que ver con la educación).

En este contexto, nos planteamos retos mayores, queríamos llegar a todo el alumnado, desde Infantil hasta Bachillerato y Ciclos Formativos, así que nos pusimos manos a la obra, llenos de ilusión y con tantas ideas nuevas que queríamos desarrollar… Y sabíamos que si queríamos conseguir una concienciación acerca de los problemas que planteábamos, teníamos que incluir sin duda a toda la comunidad educativa, sobre todo, profesorado y madres y padres.

Fundamentalmente los avances fueron en el diseño de materiales educativos relacionados con temas de gran importancia dentro de la Educación para el Desarrollo  dirigidos de manera específica a todo el alumnado, profesorado y familias de nuestros centros educativos.

¿Por qué era y es importante apostar por la Educación para el Desarrollo?

Desde nuestro departamento y como objetivo intrínseco dentro de Solidaridad Don Bosco, sabíamos que la educación era la verdadera herramienta del cambio en nuestra sociedad, por tanto, había que apostar por ella utilizando todos los recursos materiales y humanos de los que disponíamos en la organización. La Educación para el Desarrollo tenía que ser prioritaria si queríamos conseguir el resto de objetivos que nos planteábamos como ONGD.

¿Qué aportaba en aquel momento el trabajo de EpD de Solidaridad Don Bosco en nuestro ambiente, en nuestra sociedad? ¿En qué detalles veías que vuestro trabajo iba haciendo efecto?

Yo tuve la gran suerte de asistir al grupo de Educación para el Desarrollo de la CAONGD, en el que participábamos organizaciones de muy distinta índole pero que nos planteábamos los mismos objetivos a conseguir desde la EpD. Este trabajo colaborativo nos aportó muchas ideas, nos llevó a compartir distintos proyectos y, sobre todo, contribuyó a que tuviéramos una visión acerca de nuestro propio trabajo de Educación para el Desarrollo. ¿Íbamos por el buen camino? ¿Estábamos dando respuesta a los problemas reales que se planteaban en la sociedad? ¿Teníamos que cambiar algunas cosas para dirigirnos hacia donde realmente queríamos? Y tengo que decir, que desde el primer momento fui consciente del gran trabajo que realizábamos, que nuestros proyectos eran de calidad, que nuestros materiales respondían a la demanda social y, sobre todo, a la finalidad de la Educación para el Desarrollo. De hecho, fueron muchas las organizaciones que nos felicitaron por el trabajo que realizábamos y también tuvimos el reconocimiento de la Administración, y eso era señal de que estábamos haciendo las cosas bien.

Con respecto a nuestros centros educativos salesianos, fue increíble el avance que poco a poco fuimos desarrollando. Cada vez su implicación era mayor, estábamos consiguiendo con nuestros proyectos dar respuesta a sus necesidades y las actividades que planteábamos tanto para el alumnado como para el profesorado y las familias estaban creando una conciencia real acerca de los problemas que presentábamos. Progresivamente, nuestros proyectos comenzaron a formar parte de la propia dinámica de los centros y esto fue un verdadero logro, quizás el más importante de todos, ya que a fin de cuentas la idea era que los centros concedieran a la EpD la importancia que se merecía y la incluyeran en sus proyectos de centro junto con el resto de actividades  que desarrollaban.

Me siento orgullosa de haber formado parte de Solidaridad Don Bosco y de haber aportado mi granito de arena en la Educación para el Desarrollo. Gracias por darme la oportunidad, muchas felicidades por estos 25 años de trabajo y buena suerte para el futuro.

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