Derecho a emigrar

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El 6 de febrero de 2014, un grupo de unos 250 subsaharianos intentaron entrar en Ceuta bordeando el espigón de la playa del Tarajal, en la frontera con Marruecos, siendo bloqueados por la fuerzas de seguridad marroquíes y españolas utilizando medios poco ortodoxos. Al menos 15 inmigrantes murieron, sin llegar a ser aclarado el suceso por el gobierno español. Desde entonces, el problema migratorio está volviendo a resurgir en la opinión pública, a la vez que los medios de comunicación nos informan de la “inquietante” situación.

Durante los últimos meses los medios de comunicación nos están invadiendo con una ola de noticias en torno a los saltos masivos que se producen en la vallas de Melilla y Ceuta. A fecha de junio de 2014 el número de personas que han conseguido entrar en España a través de la valla, asciende a 1800.  Desde los medios de comunicación parece que la situación es alarmante, pero si miramos a nivel global, el número de inmigrantes que entran en España, ya sea a través de la valla,  pateras, dobles fondos… por los pasos fronterizos desde 2006 está disminuyendo según el Frontex (Agencia europea que se ocupa del control fronterizo) y el Ministerio del Interior.

Sin duda, lo más alarmante es que la inmigración es, sin duda, una guerra que destruye miles de vidas al año. Desde 2013 han muerto más de 23000 inmigrantes por intentar cruzar las fronteras y llegar a Europa. Un número que es alto, pero teniendo en cuenta que hablamos de datos oficiales, y que no contabilizan las muertes que no se registran, con toda seguridad, el número real debe ser mucho más elevado.

Cuestión de derecho

Como dice el activista contra la pobreza Gonzalo Fanjul, sería justo la existencia de un “derecho a emigrar, un derecho a buscar la prosperidad fuera de nuestras regiones de origen”. Las medidas de control que establecen los gobiernos para controlar el proceso migratorio deben estar encaminadas a garantizar los derechos de las poblaciones que acogen y de las personas migrantes. Este control migratorio debe ser compatible con la emigración de las personas, especialmente de aquellas que se encuentren en condiciones de necesidad, y en situaciones donde sus derechos fundamentales les están siendo arrebatados.

¿No es lógico buscar un futuro mejor?  Cada año miles de españoles y españolas que no tienen trabajo y carecen de posibilidades para salir adelante encuentran en otros países  la oportunidad que no encontraron aquí. ¿Qué pensaríamos si para poder entrar en estos países tuvieran que poner en riesgo su vida? Si muchos españoles y españolas murieran cada año por buscar estas oportunidades en otro país, ¿Cuál sería nuestra reacción?

¿Y los derechos humanos?

El establecimiento de concertinas en las fronteras -alambres de cuchillas en lo alto de las vallas fronterizas-,  que hieren y causan graves lesiones e incluso la muerte, es una medida violenta contra personas cuyo único fin es buscar un futuro mejor. Aunque la medida se justifique con carácter disuasorio, la realidad es que las personas que intentan saltar la valla lo seguirán haciendo con y sin concertinas. Las situaciones personales de estas personas son dramáticas. España, y en definitiva, Europa, son la esperanza de una nueva vida, de un futuro mejor para ellos/as y para sus familias. A pesar de la crisis que asola España, la calidad de vida en nuestro país sigue siendo privilegiada si nos comparamos con la de los países empobrecidos.

Las dificultades que tienen muchos subsaharianos para llegar hasta las fronteras de Ceuta y Melilla son enormes, teniendo que gastar todo el dinero que tienen, dejando a su familia atrás y lanzándose a una aventura que en muchos casos acaba con la muerte. A pesar de ello seguirán intentando cruzar las fronteras,  seguirán jugándose la vida y seguirán saltando vallas de seis metros de altura, con todo el riesgo de lesiones y caídas que esto implica. Debemos exigir que se respeten los derechos humanos, esto es, que desaparezcan las concertinas, que las fuerzas del orden actúen sin violencia, sin utilizar armas que pongan en riesgo la integridad física de las personas y que las devoluciones se realicen en el marco de la legalidad y respetando la dignidad de estas personas.

Ampliando la mirada

Si tratamos de ir más allá, no podemos reducir el problema migratorio a lo que acontece en las fronteras. Las circunstancias de desigualdad y pobreza que sufren millones de personas que viven en los países del Sur son el verdadero problema que impulsa la inmigración, con todas las consecuencias que conlleva.

Si los países desarrollados seguimos manteniendo un nivel de vida a costa de la esquilmación de recursos del Sur, la brecha entre pobres y ricos seguirá aumentando cada vez más y, como consecuencia lógica, aumentará la emigración de miles de personas que tratan de buscar una vida más digna.

Publicado en la revista nº27 de Solidaridad Don Bosco.