Ecuador, 30 días después del terremoto

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Según los datos que maneja el Gobierno de Ecuador, se calcula que más de 33.000 personas perdieron sus casas, continúan en albergues y centros de acogida. Solo en Manabí, 11.476 personas viven en albergues, de los cuales la mayoría han perdido todos sus bienes y no tienen recursos económicos para afrontar la educación de sus hijos. Se calcula que 166 escuelas tuvieron una afectación media y 560 tuvieron una afectación grave. A nivel económico, el terremoto ha provocado la pérdida de más de 24.000 empleos.

Testimonio desde Tarqui

La realidad que vive Juan Carlos Macías es la misma: su casa de tres pisos, ubicada en la zona cero de Tarqui, tiene orden de uso restringido y él permanece frente a ella esperando una respuesta municipal o gubernamental, que le permita recuperar su hogar. “Es frustrante ver que el sacrificio de muchos años de trabajo, en menos de un minuto, se vino abajo”, cuenta Juan Carlos quien momentáneamente vive donde sus padres junto a su esposa y tres hijos.

Al igual que Juan Carlos, decenas de familias se niegan a abandonar sus hogares porque representa “toda una vida de trabajo, esfuerzo y sacrificio”.  Según el alcalde de Manta, Jorge Zambrano, existen más de 500 órdenes de demolición y se estima que esa cifra aumentará en los próximos meses.

Juan Carlos, quien es médico de profesión y scout salesiano desde los 14 años, comenta que siempre le gustó realizar voluntariado y servir a los demás, especialmente a las personas más necesitadas. A pesar que perdió su casa y su consulta profesional está destruido, brinda atención médica gratuita en la Parroquia Nuestra Madre del Rosario de Manta.

La labor de los Salesianos

Hay que ser conscientes que esta situación todavía es para largo”, comenta el salesiano Luis Mosquera, Director de la Comunidad Salesiana de Manta. En Ecuador, persiste la demanda de alimentos, abrigo y la afectación a la salud. “Hay varios frentes, primero mantenernos con la ayuda humanitaria a través de los víveres”, indica el P. Mosquera.

Los salesianos han recorrido los barrios periféricos de Manta en busca de la infancia y juventud más necesitada para animarles con juegos y cantos. También hay profesionales “ofreciéndose también como voluntarios para atención médica y psicológica, que en estos momentos también el pueblo lo necesita”.

La fase de emergencia avanza con la demolición de edificios afectados y búsqueda de inicio de clases en Manabi y Esmeralda.  “En lo que se refiere a la Unidad Educativa Salesiana de San José, empezabamos clases el 2 de mayo, pero se tuvo que reprogramar toda nuestra agenda. Hemos tenido la visita de varios grupos profesionales y, por cuestiones de seguridad, lo más conveniente ha sido proceder a la demolición del edificio antiguo. Esto representa un problema pero, al mismo tiempo, estamos planteando soluciones. Tenemos una edificación que está en buenas condiciones y que cuenta con 16 aulas, pretendemos adecuar unas 8 aulas más y poder atender a toda la población de los estudiantes en dos jornadas.”, cuenta el Padre Mosquera.

La Unidad Educativa Salesiana San José tiene 1.700 estudiantes, distribuidos desde el primer año de educación básica hasta el tercer año de bachillerato, eso hablando de los estudiantes. Entre los colaboradores se cuenta con 120 personas, entre personal docente, administrativo, de servicio y apoyo.

Tenemos conocimiento que algunos estudiantes también fallecieron en esta tragedia, algunos padres de familia también han perdido los pocos bienes que tenían, algunos han quedado desempleados, yo creo que en este momento también nos toca, como lo hubiera hecho Don Bosco, mirar de qué manera garantizamos el derecho a la educación que todo muchacho, que todo joven debe tener en este momento.”, reflexionó el  Padre Mosquera.